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Del volumen al valor

  • Publicado el 14 de Septiembre de 2026

Durante décadas, la economía de una imprenta se ha apoyado en una ecuación bastante sencilla: producir más unidades a un coste unitario cada vez menor. Pero esa lógica está perdiendo exclusividad. En 2026, una parte importante de la innovación del sector se está desplazando hacia aplicaciones en las que el valor de la impresión no depende tanto de la cantidad producida como de lo que esa impresión permite conseguir. Personalización, packaging, etiquetas, impresión industrial, decoración, textil, señalización, productos promocionales o impresión bajo demanda están ganando protagonismo porque permiten competir por algo más que el precio.

Los datos del mercado digital ayudan a entender esta transformación. Smithers prevé que la impresión digital represente el 22,5% del valor mundial de toda la impresión y el packaging impreso en 2035, lo que supone un crecimiento muy significativo de su peso económico. La cifra resulta especialmente relevante porque no estamos hablando únicamente de páginas impresas: el crecimiento digital está asociado precisamente a tiradas cortas, personalización, versiones múltiples y aplicaciones en las que la flexibilidad tiene un valor económico.

El packaging constituye otro ejemplo claro. Las previsiones de 2026 sitúan el mercado mundial de impresión de packaging en torno a 365.000 millones de dólares, con una previsión de crecimiento superior al 8% anual hasta 2034. Más allá de la magnitud del mercado, lo interesante para las imprentas es qué está impulsando parte de ese crecimiento: la necesidad de producir más referencias, series más cortas, versiones regionales, personalización y respuestas más rápidas al mercado. También las etiquetas muestran esta evolución. Smithers estima que el mercado mundial de etiquetas crecerá a un ritmo del 4,5% anual en volumen hasta 2031, hasta alcanzar el equivalente a 1.635.000 millones de impresiones A4.

Esta tendencia explica también por qué los fabricantes de tecnología están hablando cada vez menos exclusivamente de velocidad y capacidad productiva y más de aplicaciones. Para una imprenta, esto cambia la pregunta que debería hacerse antes de invertir. Durante mucho tiempo, la cuestión era qué máquina permitía producir más rápido o a menor coste. Hoy debería ser también qué aplicaciones nuevas permite desarrollar, qué mercados abre y cuánto valor puede capturar la empresa por cada trabajo. Una máquina capaz de producir tiradas cortas rentables, personalizar cada ejemplar, imprimir sobre nuevos soportes o incorporar acabados puede generar oportunidades que no aparecen cuando únicamente se calcula el coste por ejemplar.

Pero sería un error interpretar esta tendencia como una invitación a abandonar el volumen. El volumen continúa siendo una ventaja competitiva cuando puede producirse eficientemente. El verdadero cambio consiste en construir una cartera equilibrada: trabajos de volumen que aporten utilización y productividad y, al mismo tiempo, aplicaciones especializadas capaces de aportar margen, fidelización y diferenciación. El problema aparece cuando toda la estrategia comercial depende exclusivamente de competir por precio en trabajos fácilmente comparables. Ahí es donde adquiere importancia el concepto de aplicación diferenciada

Por eso, quizá una de las decisiones estratégicas más importantes para una imprenta en los próximos años no sea simplemente aumentar capacidad, sino decidir en qué aplicaciones quiere ser especialmente buena. El mercado parece estar premiando progresivamente a quienes son capaces de resolver necesidades concretas y no únicamente a quienes pueden producir grandes cantidades.

El futuro de la imprenta probablemente no será una elección entre volumen y valor. Será la capacidad de combinar ambos: automatizar y optimizar aquello que debe producirse en grandes cantidades y utilizar la flexibilidad tecnológica para desarrollar aplicaciones donde el conocimiento, la personalización, la especialización y el servicio permitan escapar de la guerra del precio. En un mercado en el que cada vez resulta más sencillo comprar capacidad de impresión, saber convertir esa capacidad en aplicaciones diferenciadas puede ser el verdadero valor añadido de una imprenta.

Rosa Arza

Editora Envasprés
rosa.arza@envaspres.com

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